En diciembre de 2005 el New York Times publicó un artículo donde el sociólogo Dalton Conley afirmaba que «la mayoría de los americanos ve al feto como un individuo en construcción». Esta idea está de moda entre los partidarios del aborto, y explica por qué tanta gente buena encuentra absurdos o irracionales los argumentos manejados por pro-vida.
¿Qué ocurre cuando nuestros amigos 'construccionistas' oyen decir que un embrión tiene el mismo derecho a vivir que una persona adulta? El periodista Michael Kinsley refleja muy bien esta postura en el Washington Post: «Me cuesta creer que un puñado de células –más primitivo incluso que una lombriz– tiene los mismos derechos que el lector de este artículo».
¿Por qué a veces nos parece preferible la idea del ser humano 'en construcción' y otras, en cambio, pensamos que es mejor la del desarrollo? La visión 'construccionista' resulta atractiva siempre que apartamos de nuestra mente el pensamiento del futuro; es fácil caer en el 'construccionismo' cuando nos fijamos en la apariencia del embrión o del feto, sin tener en cuenta el desarrollo intencional.