Así, el concurso estaba abierto a la participación de
cuantos lo desearan y contó con un nutrido grupo de participantes que llenaron
las calles de Boadilla con sus lienzos, caballetes y pinceles, dando una visión
muy personal de algunos de los lugares más emblemáticos de Boadilla como es su
Palacio, el Convento de la
Encarnación, o los magníficos paisajes del monte.